En Paraná, trabajadores, jubilados, profesionales y hasta un gendarme manejan aplicaciones de viajes para llegar a fin de mes. La jornada laboral se extiende; un desgaste insostenible en el tiempo
Por Pablo Felizia
–¿Cuántas horas trabajás?
–Poco, hago algunas nomás, un día a la semana.
–¿Y te sirve?
–Sí. Me ayuda. Soy gendarme. Manejo el Uber en los francos.
Martín conducía. No quería hablar mucho, pero lo explicó muy simple. La plata no le alcanzaba para llegar a fin de mes. Tenía familia y no vivía en Paraná, era de otra ciudad, solo llegaba a la capital provincial una vez por semana para trabajar con la aplicación.
–Trato de no ir al centro, lo evito, por si hacen controles.
–¿Y cómo se te ocurrió el Uber?
–Un amigo me lo recomendó.
Era de noche. El recorrido no había sido largo. Antes de despedirnos charlamos un rato más, pero dos minutos después el celular ya le ofrecía otro viaje y nos despedimos. Todos los nombres de los protagonistas de esta nota fueron cambiados, con más de uno lo acordamos para poder hablar sin problemas. Es que muchos aún tienen sus trabajos formales, con más o menos exposición.
Enfermeras, docentes, jubilados y obreros de distintos rubros, hasta Martín que es gendarme y un integrante del Servicio Penitenciario trabajan en Uber o DiDi, en Paraná, para llegar a fin de mes. La mayoría de los entrevistados no lo hace como actividad principal, sino como complemento ante salarios insuficientes. Sin registros oficiales, con largas jornadas y en muchos casos por fuera de la regulación, las aplicaciones de viajes se convirtieron en una salida cada vez más extendida frente a la pérdida de poder adquisitivo y el aumento del costo de vida.
–Soy enfermera –respondió Celina.
–¿Todos los días salís?
–Sí, siempre que puedo.
Celina iba acompañada de una amiga. Era de noche y sola no se animaba a recorrer la ciudad.
–Entonces, ¿cuántas horas trabajás?
–Ya ni sé. Hoy entré a las 7 a mi trabajo. –Eran las 23.50– Tengo que pagar el divorcio –dijo, y su copiloto le hizo un par de chistes–. Es que no alcanza para nada.

Es difícil estimar en Paraná cuántas personas trabajan en Uber o en DiDi, las dos aplicaciones más populares para ir de un lado al otro. Es que si dos o tres personas tienen que ir juntas desde cualquiera de los barrios de la ciudad hacia el centro, con la aplicación, el viaje puede costar hasta más barato que el colectivo. Y ni hablar si el destino es una zona que no está unida por la traza del transporte público.
–Uber no es mi trabajo principal, es un complemento y con el tiempo traté de reducir la carga horaria –respondió Adrián. Es empleado de una empresa, tiene seis francos al mes. Con la aplicación paga los gastos médicos, el gimnasio y clases particulares, entre otros. Con el auto junta unos 300.000 pesos por mes.
Adrián contó que los choferes que se dedican de forma exclusiva laburan entre 8 y 12 horas por día y ahí, un poco más un poco menos, se puede armar un sueldo que alcanza.
–¿Separás algo de plata para pagar los arreglos del auto?
–No, y me generó muchos dolores de cabeza. Tuve que cambiar todo el kit del embrague y me costó como 800.000 pesos.
Contó que temprano a la mañana, durante el mediodía, a la siesta y los fines de semana a toda hora es cuando más demanda hay.
–Las primeras semanas hacía dos o tres horas por día y los días en que no trabajaba en la empresa mucho más. Así estuve cuatro meses y terminé muy cansado, viví situaciones de estrés muy grandes y me jugaba la vida por poco. Y la aplicación es muy adictiva y te cuesta bajar un cambio una vez que empezás. Además, la nafta aumenta todos los meses y las tarifas de Uber se mantienen.
Fue durante la pandemia cuando Uber comenzó a funcionar en Paraná con más fuerza, fue junto con las aplicaciones de cadeterías. Al principio, taxistas y remiseros se oponían, hubo manifestaciones y reclamos. La Municipalidad, en 2024, reglamentó una ordenanza que intentó regular el servicio, hubo marchas y contramarchas, muchas discusiones, al menos abrió una inscripción para quienes desarrollan la tarea. Con el tiempo, taxistas y remiseros también comenzaron a utilizar las aplicaciones, porque tenían muchos más viajes de esta manera que si se quedaban a esperar en las centrales o en las paradas. Hoy conviven las modalidades aunque en los grupos de WhatsApp de conductores de Uber y DiDi, se avisan si hay controles de inspectores de tránsito y en qué zonas, la mayoría de quienes fueron entrevistados, no están inscriptos en el registro municipal ni pensaban hacerlo en el corto plazo.

Nahuel hace Uber Moto. Como no tiene auto, es una salida. Contó que sobre todo son mujeres y jóvenes quienes utilizan el servicio. Es mucho más barato que solicitar un auto y para recorridos cortos es muy utilizado.
–Las personas más grandes, mucho no se animan a subirse a una moto cuando no conocen al conductor
–respondió. Se refería, sobre todo, a la seguridad vial.
Adelina es docente. Al momento de la consulta estaba por jubilarse. Trabajaba en dos escuelas pero no todos los días. Contó que decidió comenzar con el Uber porque la plata no le alcanzaba.
–Salgo dos veces por semana, y luego sábados y domingos. Empiezo a la tardecita hasta las 22 o las 23.
Adelina no sabía utilizar bien la aplicación e incluso no tenía Mercado Pago para recibir el dinero. Y no le avisaba antes al pasajero por lo que le generaba algunos problemas al momento de cobrar.
Un sábado a la mañana de noviembre, Juan también iba acompañado por su esposa. Los dos eran jubilados. Ella le cebaba mates. Abajo del asiento del acompañante había un juguete, tras alcanzárselos ella contó que no era de un pasajero sino de su nieta. Entre los dos contaron cómo la pasaban.
–Es que no alcanza con la jubilación –dijo Juan. El auto no era nuevo, no hubiera pasado ninguna revisación y explicaron que salían los dos juntos para que los inspectores de tránsito no se dieran cuenta de que trabajaban de Uber.
También fue entrevistado un albañil, un transportista y un camionero. A pesar de las realidades y expectativas diferentes, las explicaciones eran las mismas: juntar el mango.
Sobre inicios de 2020 había no más de 11 conductores en la aplicación en Paraná. Las demoras eran de hasta 40 minutos y más de una vez, si los viajes eran regulares, se podía acordar con los conductores y pedir el Uber cuando estaban cerca o incluso ya arriba del auto. Tampoco había tantos clientes y el costo era mucho más accesible que ahora, en comparación.

No hay registros. Las aplicaciones no aportan datos sobre cuántas personas la utilizan tanto como conductores o pasajeros. Tras las consultas pertinentes en ámbitos del Estado y conductores, tampoco hay precisiones. Si hay promedios internacionales basados en la cantidad de habitantes por ciudad. Si se sigue esa regla, en Paraná deberían haber unos 560 conductores entre Uber y DiDi en promedio. Pero entre grupos de trabajo y la calle, el número puede llegar a más de 800. Es que todos los días se suman nuevos paranaenses en distintas modalidades: están los choferes de taxis y remises que comenzaron a utilizar las aplicaciones; hay que sumar a quienes tienen a las aplicaciones de viajes como principal y único trabajo; también están los conductores que no tienen auto propio y manejan el vehículo de otro: arreglan entre ellos un porcentaje de cada viaje; y están también los que tienen trabajos formales o no, pero lo tienen, y necesitan además hacer horas con el Uber para tener unos mangos más, un complemento, tratar de llegar a fin de mes.
Miguel trabaja en el Servicio Penitenciario.
–¿Tus jefes saben lo del Uber? –La pregunta, en el contexto, era para saber si le generaba algún inconveniente.
–Trato de no hablar mucho –respondió.
No está demás decir que acordamos no mencionar su lugar de trabajo. Es que Miguel no solo labura en el Uber en sus días libres. Hay jornadas en que llega a trabajar 16 horas. Duerme y sigue.
–Me canso mucho –contó.
–Entiendo que trabajás de Uber porque no te alcanza la plata, ¿pero por qué, qué ocurre?
–Tengo unas deudas. Me metí en un crédito. Pero una vez que las pague, lo dejo.
Así una a una las historias. En la calle hay de todo: como hay jóvenes que inician sus primeros trabajos en el Uber para poder tener algo de plata, bancar sus estudios o ayudar a sus viejos, también hay trabajadores de distintas ramas: de la construcción, industriales, del Estado, administrativos. Estos últimos están cansados, se les nota en las caras, en la manera de hablar. ¿Quién aguanta 12, 14 o 16 horas diarias, de lunes a lunes, por no llegar a fin de mes? La mayoría de los entrevistados no separaba la plata para pagar los arreglos del auto, un vehículo que transita la ciudad horas y horas. No eran conductores profesionales y a juzgar por la consulta, la mayoría –salvo los taxistas y remises que usan aplicaciones– utilizan el Uber para juntar más plata y rasguñar una calidad de vida que cada vez cuesta más.
Ante la necesidad de una salida, de resolver, encontraron en el Uber una posibilidad. Pero la posibilidad se vuelve, por momentos, muy cuesta arriba. A lo mejor esa salida, ese resolver, sea más colectivo que individual. Si todos los entrevistados en esta nota tuvieran un sueldo digno y acorde a sus trabajos –o una jubilación justa– no estarían en el Uber. Y es ahí cuando comienzan nuevos interrogantes y la búsqueda de nuevas respuestas.
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